VIVO en la ciudad de mayor actividad nocturna de Chile y me tenía que pasar a mí. Después de un día laboral humanamente desagradable y una predicción indeseable de mi bruja personal, se suponía que ese jueves no podía terminar peor. Sorpresa! ... faltaba la guinda de la torta.
Mientras saludaba a unos amigos en la puerta de un bar, reconocí a mi ex entra la multitud de la terraza. Esta vez la gran L de mi frente era de lata máxima. Opté por sentarme de espalada a él y evitar cualquier contacto visual que me obligara a saludarlo con cara de "me das lo mismo".
Esa noche me preguntaron que cómo era posible no toparte a tu ex en 8 meses. Fácil, jamás se me ocurrió visitar aquellos lugares donde él puede estar. Ni con veinte piscolas encima iría al Bahamondes o al Barcelona, ni tampoco a eventos en común tales como cumpleaños, matrimonios o funerales.
Tras un año de pololeo y otro año y medio de recaidas, una mentira monumental trajo consigo ese "game over" que habíamos retrasado tanto. Cuando el rechazo supera el amor es mejor dar una paso al lado. Supongo que no se trata de cuánto te valora el otro, sino de cuánto se autovalora uno mismo.
Al levantarme de la silla él ya se había ido, no estaba ni en su mesa ni en mi camino, pero sí en mi corazón. Y es que por más injusto que me parezca, el amor verdadero se queda ahí, latente, no se muere. Son las relaciones las que uno sepulta, sólo las relaciones.
El siguiente jueves nuevamente frecuentamos el mismo lugar. Si me vio o no quién sabe, lo único que es certero hoy es que el pasado deja huellas que no se borran. Los momentos buenos y las acciones despreciables del otro están escritas con la misma pluma y nada las hará desaparecer...
No comments:
Post a Comment