07 May, 2005

SEGÚN recuerdo a los catorce hice mi primera metáfora importante en una conversación, de ahí en adelante el concepto se volvió recurrente y vivo dando ejemplos para darme a entender.

Recuerdo que uno de los buenos fue aquel que surgió un fomingo cualquiera en el loft de Maturana. Hablando de la pareja ideal, esa que te hace click y te complementa llegué a la conclusión de que tal anhelo es como el de la casa propia. Ensayos algunos tenemos varios y nos mudamos con frecuencia, de casa en casa, de depa en depa; que "el sol de la tarde me sofoca" o "el frío se cuela por las ventanas en las noches", que "la ubicación está lejos de mis amigos" o "el ruido de los vecinos no me deja dormir". Tratamos de acomodarnos y a veces resulta bien por una temporada, hasta que el local te queda chico, entonces ya no es nuevo, pierde el brillo y no queda más que buscarte otro.

Sé de gente que religiosamente compra El Mercurio los domingos, marca con un destacador los avisos que le parecen atractivos, pero no se cambian nunca de casa. Es que cuando visitan esos espacios notan que no hay mejor lugar que el propio. En otros casos la mudanza es cuestión de vida o muerte, o se te cae el techo en la cabeza o empiezas a embalar. En este último caso encontramos a varios tipos de personas. Están los que envuelven todo en diario para no quebrar nada, los que tiran rápidamente cualquier cosa en una bolsa para terminar rápido y los que contratan a una empresa de embalaje, wákala, a esos los odio...

Creo que las relaciones son así, claro hasta que llega el momento del hogar definitivo y dejas de arrendar, en otras palabras, se acabó la búsqueda. En esa última fase o te compras una casa y la arreglas a tu pinta o construyes un modelito soñado. En cualquiera de los casos siempre se espera que sea el último de los cambios, aunque ojo, un terremoto o un embargo son parte del inesperado destino que nos espera. Bueno, esas son las reglas del juego ¿no?
Maturana encontró una casa top, seguramente se la va a comprar. Yo todavía arriendo, pero aunque amo mi depa de un ambiente es probable que me cambie a uno con pieza, es un buen momento para hacerlo.

Debo confesar que en mi ranking personal es otra la metáfora que se lleva todos los premios. Desde hace un par de años me parece que la vida es como el Metro, subterránea, con estaciones, con líneas amarillas que te indican que el pasito más allá está prohibido, el ir y venir de miles de personas, detenciones en el túnel y chancacazos inesperados.

Alguien comentó el otro día que a partir de la manera en que fuma una persona se puede descifrar su stylo sexual: compulsivo, suave, rudo, etc. En mi cabeza yo traspolo los comportamientos de los pasajeros a su vida cotidiana. En un mismo vagón me encuentro con el que se hace el dormido para no ceder el asiento y por el contrario al lolito caballero que salta como si tuviera un elástico entre la próstata y el pantalón. Están los que hablan despacito y las escandalosas, los que leen el diario porque es gratis y los que traen su libro añejo de Borges, los que no tocan nada porque no es higiénico y los hediondos de verano... no, de esos no pienso hablar, mi furia es con el Gobierno, me parece que en dicha temporada deberían regalar desodorantes, pero bueno, no va a pasar.

De mi analogía entre la vida y el Metro hay una cosa que me asusta, ambas tienen fin y ninguna depende de mí. Siempre es lo mismo, “estación escuela militar, todos los pasajeros deben descender del tren”.

3 comments:

Anonymous said...

Que rico anoche haber recibido un mensaje de texto en el cel de Felipe y anhelar llegar a mi casa a conectarme para leer la columna, la verdad deberia partir retandote ya que hace mucho tiempo que estay bien floja para escribir y me carga estar todas las semanas metiendome a la columna y no ver nada nuevo....porque la verdad que la encuentro buenisima.
Gracias por lo que escribiste la verdad Felipe se dio cuenta de que se trataba porque cacha mas tus metaforas...
te mando besoos
Y cuando nos conocemos?
Nicole

Sofía del Mar said...

Y.....
Cuesta encontrar depto, pega, y que decir de "hombre adecuado"...La vida es para mi un constante experimento, un ensayo-error...
Tengo ya variso post grados en "Como hallar hombres inadecuados" que incrementan mi talento innnato en esas materias.
He salido bastante averiada de tanto prueba empirica, pero heme aqui cual mono porfiado,o cual " ruperto nunca se rinde" ¿recuerdas? insistiendo en vivir, curiosear, probar casi todo,colores, intensidades y pluralismo;lo que toque, hartas estaciones recorridas, y tantas otras por recorrer..

Un abrazo a la distancia
Desde Valparaíso,el puerto multicolor que me cobija...

URBANA said...

bueno Nicole... cuando tu marido se ponga las pilas y finalmente nos invite a un japicito!!!